Da Vinci: El Robot que opera a distancia

viernes, 13 de junio de 2014

El uso de robots en las intervenciones quirúrgicas ya no es ciencia ficción. Gracias a un sistema desarrollado por Intuitive Surgical, una empresa norteamericana, se ha conseguido mejorar la precisión en operaciones de urología, ginecología, cirugía general o cirugía torácica, entre otras. Actualmente se utiliza en numerosos países del mundo.

     El sistema Da Vinci, que salió al mercado en el año 2000, está formado por un robot con extremidades articuladas que manejan instrumentos quirúrgicos. Las acciones que realizan estos “brazos” están controladas en todo momento por un cirujano a través de una consola.

     El sistema tiene, además, una cámara que puede captar imágenes del cuerpo humano desde distintos ángulos, que ayudan al cirujano a llevar a cabo el procedimiento sin necesidad de que se encuentre físicamente en el quirófano con el resto del personal médico.

     La idea de implantar la robótica en la medicina ya viene de lejos. Surgió cuando los científicos empezaron a interesarse por los viajes espaciales tripulados, ya que en ese momento se preguntaron cómo se podría llegar a operar a humanos en el espacio si el médico más cercano estaba a miles de kilómetros de distancia. La telecirugía, que en un principio fue concebida por la NASA en los años setenta para usos espaciales, ha acabado teniendo usos civiles.

     Sin embargo, un tratamiento de vanguardia como este presenta ciertas dificultades prácticas: cuando hablamos de grandes distancias, entre la Tierra y Marte, por ejemplo, se producen retrasos en la comunicación, y sin duda el tiempo también es un factor clave en las operaciones médicas. 

     Puesto que los robots no están diseñados para funcionar de forma automática, habría que emplear algoritmos para agilizar la toma de decisiones, afirma Mangai Prabakar, ingeniera de la Universidad de Florida.

     Los expertos en la materia quieren hacer hincapié en el carácter positivo que tiene el uso de este instrumental a gran escala, aunque reconocen que no se sabe con exactitud, al menos de momento, sobre quién recaerá la responsabilidad en los casos en que la operación no resulte satisfactoria para el paciente.

     Cabe añadir que, antes cualquier intervención quirúrgica, el médico es el encargado de aconsejar cuál es el mejor método y, en definitiva, son los propios pacientes los que tienen la última palabra.

Elisa de la Torre Castejón




 

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